OBEDECE A DIOS Y SERÁS BENDECIDO
OBEDECE A DIOS Y SERÁS BENDECIDO
El Señor Jesús nos dice en Jn 14,15: “Si ustedes me aman, guardarán mis mandamientos”.
Si decimos que amamos al Señor, significa que estamos dispuestos a seguirle y obedecerle. Esto implica no seguir haciendo lo que creemos o sentimos debemos hacer. Hacerlo sería actuar según nuestra voluntad, no lo que Dios quiere, y eso conlleva el peligro de que estemos equivocados en nuestra decisión, como nos dice Dios en Pr 14,12: “Hay caminos que parecen rectos, pero al final conducen a la muerte.”
Nuestro Padre celestial ya nos dio a conocer su voluntad en la Biblia. La Palabra de Dios es muy clara en sus enseñanzas que siguen siendo válidas hoy y enseña, que a quienes no siguen las normas establecidas por Dios, los alcanzará el castigo y la maldición; aun cuando pareciera, a sus ojos, que lo que hacen es lo correcto, lo razonable, lo que era lógico.
Por ello debemos acudir a ella y estudiarla para meditar en ella y hacerla vida. Ejemplo de la enseñanza divina la encontramos en el libro del Profeta Jr 17,5-8 en donde leemos lo siguiente: “Así dice el Señor: ¡Maldito quien confía en el hombre y se apoya en los mortales, apartando su corazón del Señor! Será como un matorral en la estepa, que no ve venir la lluvia, pues habita en un árido desierto, en tierra salobre y despoblada. Bendito quien confía en el Señor, y pone en el Señor su confianza. Será como un árbol plantado junto al agua, que alarga hacia la corriente sus raíces; nada teme cuando llega el calor, su follaje se conserva verde; en año de sequía no se inquieta ni deja de dar fruto.”
Pon atención a su enseñanza para que obres de acuerdo a la voluntad de Dios, y no continúes haciendo tu voluntad dándole un aspecto de religiosidad a tus actos para que parezca que estás cerca de Dios.
Y no es que Dios envíe la maldición por desobedecerle, pues nosotros tomamos la decisión del camino que tomaremos, el de bendición o el de maldición, pues escrito está, como leemos en el Dt 11,26-28 en donde dice: “En este día les doy a elegir entre bendición y maldición. Bendición, si obedecen los mandamientos del Señor su Dios, que hoy les he ordenado. Maldición, si por seguir a dioses desconocidos, desobedecen los mandamientos del Señor su Dios y se apartan del camino que hoy les he ordenado.” – Más adelante en 30,15 Dios no nos obliga y nos hace ver que respeta el libre albedrío que nos dio cuando dice: “Miren, hoy les doy a elegir entre la vida y el bien, por un lado, y la muerte y el mal, por el otro.”
Dios muestra a dónde nos lleva cada camino, y puesto que nos ama, Él quiere que recibamos bendición, como nos indica en Dt 28,1 y 2 que dice: “Si de veras obedeces al Señor tu Dios, y pones en práctica todos sus mandamientos que yo te ordeno hoy, entonces el Señor te pondrá por encima de todos los pueblos de la tierra. Además, todas estas bendiciones vendrán sobre ti y te alcanzarán por haber obedecido al Señor tu Dios.” y en los siguientes versos, hasta el 13ª detalla las bendiciones. Y a continuación, en los versos 13b-14, encontramos las condiciones que debemos cumplir para que disfrutemos esas bendiciones, dice: “Si escuchas los mandamientos del Señor tu Dios que yo te prescribo hoy, si procuras ponerlos en práctica y no te apartas ni a derecha ni a izquierda de las palabras que yo les prescribo hoy, si no sirven ni dan culto a otros dioses.” Cuando dice: “si no sirven ni dan culto a otros dioses”, se refiere a que Dios debe ser el centro de nuestra vida y nada debe ocupar el lugar que solo a Él pertenece, por lo que todo cuanto hagamos debe ser dirigido en hacer su voluntad para agradarlo.
Y puesto que Dios quiere que recibamos sus bendiciones, describe en los versos 15-68, las maldiciones que llegarán a nuestra vida si desobedecemos sus mandamientos y enseñanzas. Y un par de capítulos más adelante, en Dt 30,19 y 20ª dice “Puse delante de ti la vida o la muerte, la bendición o la maldición.” Y a continuación, insiste en que tomemos el camino de bendición cuando dice: “Escoge, pues, la vida para que vivas tú y tu descendencia. Ama a Yavé, escucha su voz, uniéndote a él, pues Él es tu vida y el que garantiza tu permanencia en la tierra.”
Sin embargo, aun cuando hayamos tomado el camino equivocado, que Dios nos ama tanto nos presenta la oportunidad de enmendarnos, pidiendo perdón, nos confesemos, y nos volvamos a Él. Dice en Dt 30,2-4 “Si se vuelven al Señor y lo obedecen de todo corazón y con toda su alma, ustedes y los hijos de ustedes, como yo se lo ordeno ahora, entonces el Señor su Dios cambiará la suerte de ustedes y les tendrá compasión. Los reunirá otra vez de entre los países donde antes los arrojó, y aunque los desterrados de ustedes estén esparcidos por los lugares más lejanos del mundo, de allá los hará venir el Señor su Dios, y hasta allá irá a buscarlos.”
Con esto podemos entender, que la maldición es la falta de la bendición de Dios. Ejemplos hay muchos en las Sagradas Escrituras:
El Gn narra, que Adán y Eva pusieron atención a la serpiente, el diablo, y comieron del fruto prohibido, porque quisieron ser como dioses, conocedores del bien y del mal. Pero, por amor, desde aquel momento Dios preparó el plan de salvación, dijo a la serpiente: “Haré que tú y la mujer sean enemigas, lo mismo que tu descendencia y su descendencia. Su descendencia te aplastará la cabeza, y tú le morderás el talón” Gn 3,1
En Nm caps 13 y 14 narra la expedición de la tierra prometida por los representantes de las 12 tribus de Israel. De esos, solo 2 Josué y Caleb quisieron animar al pueblo a que tomaran la tierra que Dios les había ofrecido y por ser 10 los que estuvieron en contra, debieron pasar 40 años vagando por el desierto. Sin embargo, a pesar de su rebeldía, el amor de Dios se manifestó en que los acompañó siempre indicando su presencia en una nube y una columna de fuego, y les dio de comer maná y perdices y proveyó agua.
Otro ejemplo de lo que sucedió por desobedecer las órdenes de Dios está en Jos 7, en donde narra cuando un miembro de la tribu de Judá, que se llamaba Acán, tomó para sí, varias cosas que estaban consagradas a la destrucción como ofrenda a Dios, por lo que todos los israelitas resultaban culpables ante el Señor de haber tomado lo que él había ordenado destruir. Y la ira del Señor se encendió contra ellos y éstos perdieron la batalla. Pero el Señor descubrió que fue Acán, hijo de Seraj, quien se había quedado con el dinero, el manto y la barra de oro. Entonces fueron apedreados él y su familia, lo quemaron y lo cubrieron de piedras. Entonces el Señor aplacó su ardiente ira.
En cada uno de estos ejemplos mencionados, las excusas eran válidas para ellos, pero, esto no los libró del castigo. Si no obedecemos a Dios, eso está sucediéndonos o puede sucedernos si desobedecemos sus normas, mandamientos o enseñanzas, incluso si decimos estar obrando de tal o cual manera, porque Dios nos lo dijo, sin que esto sea cierto. Me he encontrado con hermanos que, cuando se les llama la atención por actuar mal, en vez de actuar con humildad y reconocer su error, dicen haber recibido en oración, la dirección de Dios, o que orarán para que Dios les confirme si la amonestación viene de Él. ¿Crerán ellos que tienen una conexión especial con Dios?, ¿O su Biblia es diferente? No niego que haya profetas que el Señor levante para dirigir a su pueblo por los senderos que Él indique. Si así fuera, éstos darán fruto agradable, aunque al principio se tenga que pasar un trago amargo. Dt.18,18-20 “Yo haré que salga de entre ellos un profeta como tú, uno que sea compatriota de ellos y que les diga lo que yo le ordene decir, y les repita lo que yo le mande. A todo aquel que no haga caso de lo que ese profeta diga en mi nombre, yo le pediré cuentas. Pero el profeta que presuma de hablar en mi nombre y diga algo que yo no le haya mandado decir, o hable en nombre de otros dioses, ese profeta morirá.”
Basta ya de seguir cometiendo los errores de no seguir la enseñanza de Dios que encontramos en la Biblia. Rompamos esos esquemas que no nos dejan alcanzar las bendiciones que Dios tiene para nosotros. Que el Espíritu Santo nos conduzca por el sendero de luz, que nos lleva a la presencia de Dios, para no caer en el error que nos advierte Pr 14,12 y 16,25. «Hay caminos…»
Debemos rendirnos al Espíritu Santo y permitirle que domine nuestra voluntad, como decimos en el Padrenuestro «..hágase tu voluntad…»
Si somos cristianos debemos actuar siempre y en todo, según las Sagradas Escrituras, sin que nadie nos tenga que decir que hagamos o dejemos de hacer esto o aquello. Jesucristo vino a liberarnos de todas las cadenas, ¿Por qué entonces pretender encadenarnos nuevamente a lo que el mundo o la carne o Satanás quieren imponernos? Si nos dejamos llevar por esas influencias, caeremos en esclavitud, haciendo a un lado la libertad que Cristo nos dio con Su sacrificio. Si empezamos una vida nueva en el Espíritu, continuemos de la misma manera para que no nos asignemos lo que San Pablo dice en Ga 3,1-3: “¡Gálatas estúpidos! ¿Quién los ha embrujado? ¿Quién los ha seducido? ¿No les presenté claramente a Jesucristo clavado en una cruz? Sólo esto quisiera preguntarles: ¿Recibieron ustedes el Espíritu por haber cumplido la ley o por haber aceptado la fe? ¿Tan estúpidos son? ¿Que empezaron por el espíritu para terminar ahora confiando en sus propias fuerzas?
Debemos establecer la diferencia que existe entre nuestros planes y la voluntad de Dios, entre nuestra necedad y la obediencia al Señor. Aprendamos a rendirnos a lo que Dios quiere de nosotros, ya lo dijo y está en la Biblia. Apoyados en oración y poniendo de nuestra parte busquemos la espiritualidad y tratemos de evitar que nos influencie la carne, para lo cual debemos doblegar el orgullo y la soberbia, es decir muriendo a nosotros mismos, sabiendo que El estará con quien le obedezca, tal y como le ofreció a Jos 1,9: “Yo soy quien te manda que tengas valor y firmeza. No tengas miedo ni te desanimes porque yo, tu Señor y Dios, estaré contigo dondequiera que vayas.” Si Dios nos dice que estará con nosotros, significa que tendremos Su ayuda, su paz, su gozo, su fortaleza y su amor y la condición es que vivamos obedeciéndole. Rindámonos a Él y Él nos transformará, pues, si actuamos según lo que deseamos o por nuestras propias ideas o intereses, tarde o temprano tendremos que lamentar los frutos amargos que esto producirá. Por eso San Pablo dice en Ro 12,2: “Así que, hermanos míos, les ruego por la misericordia de Dios que se presenten ustedes mismos como ofrenda viva, consagrada y agradable a Dios. Este es el verdadero culto que deben ofrecer.”
Entonces queridos oyentes, correspondan al amor de Dios obedeciéndole. Que así sea.


