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Mensajes del Papa Francisco. Sobre La santidad y el servicio al prójimo.

Mensajes del Papa Francisco

Sobre La santidad y el servicio al prójimo.

 

El Papa Francisco ha insistido en varias ocasiones sobre que los bautizados somos llamados a vivir santamente nuestra vida cotidiana, y que, como verdaderos cristianos, debemos tener claro que hay dos elementos que no deben faltar en nuestra vida: la oración y la misión.

En cuanto a la oración, la forma en la que nos comunicamos con Dios, es de doble vía, pues, así como le hablamos, Él también nos habla. Por eso debemos orar en un ambiente tranquilo, como dijo Jesús: “Tú, cuando ores, entra en tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.” Mt 6,6.

La oración es una ayuda indispensable, sobre todo cuando involucra a los afectos, al permitir que nos dirijamos a Dios con sencillez y familiaridad, como se habla a un amigo. Orar es ir más allá de los pensamientos, es entrar en intimidad con el Señor, con familiaridad espontánea y afectuosa.

Toma en cuenta querido oyente, el secreto de la vida de los santos, que es la familiaridad y la confianza que alcanzaron por la relación íntima entre ellos y Dios, relación que creció gracias a la oración frecuente que hizo que cada vez fuera más fácil que reconocieran lo que a Dios le agrada, por lo que, vivir de esa manera, les fue también más fácil. Eso nos enseña que, gracias a la oración, podemos entrar en intimidad con el Señor, como con un amigo que quiere nuestro bien.

Ahora bien, nuestra oración no debe ser solamente para pedirle lo que necesitemos, porque, aunque Jesús nos enseñó que podíamos acudir a nuestro Padre para pedir por nuestras necesidades, debemos reconocer que nos estaremos comunicando con Dios, el creador de todo cuanto existe, nuestro Padre que nos ama, por lo que, con agradecimiento, también debemos honrarlo y alabarlo con gozo por todo cuanto nos ha dado, y reconociendo su santidad alabarlo y adorarlo. Pero, puesto que Él también responde, debemos guardar silencio para poder escuchar lo que Él nos diga, pues es en esos momentos de intimidad en los que nos responderá y guiará por el camino de bendición, para que después podamos dar testimonio de lo que Él ha hecho y hace por nosotros, en nosotros y con nosotros, siempre y cuando obedezcamos lo que nos indique, lo cual nos lleva al segundo punto importante, la misión que encomendó a todos sus seguidores: “presentar a todos la buena nueva de salvación por Jesucristo”, es decir, evangelizar. Debemos considerar, queridos oyentes, que presentar la salvación por Jesucristo es el mayor servicio que podemos hacer por alguien, pues eso representará la salvación eterna para quien reconozca a Jesús como el Mesías enviado por Dios para salvar con su sacrificio, a la humanidad.

El Papa también mencionó otro punto importante de la oración al señalar que Jesús ya en el cielo, está “conectado con nosotros para interceder”, lo cual sucede al dirigirnos a Él en oración. Y que Jesús, nuestro Salvador y Señor, “muestra al Padre sus llagas, el precio que pagó por nosotros y por nuestra salvación”, lo que significa que Él por su pasión y muerte ya pagó por nuestros pecados y nos limpió con su sangre para que podamos acudir a su presencia a presentar nuestras peticiones.

Y sobre la misión, el Papa señaló que: “Jesús, antes de irse, dijo a los suyos: ‘Vayan al mundo y hagan discípulos’.  Y agregó para todos los que nos consideramos discípulos de Jesús: “también ustedes vayan al mundo, el lugar del cristiano para anunciar la Palabra de Jesús”. Digamos entonces, con nuestros actos, con nuestra voz, a cuantos podamos, que hemos sido salvados por Jesucristo, que él vino para darnos la gracia de la salvación, para llevarnos con él ante el Padre y que todos pueden ser salvos al reconocer que Jesús se sacrificó para que fuéramos libres del castigo que merecíamos por haber ofendido a Dios al pecar.

Preparémonos entonces para cumplir esa misión y así, aquellos a los que les demos testimonio de lo que Jesús ha hecho, también lo conozcan y reconozcan que es el Mesías enviado por Dios para salvar a los que crean en Él. Eso podremos hacerlo al imitar el actuar de Jesús al servir al prójimo con amor.

Dijo también el Papa que no hemos de tener miedo de afirmar la verdad del Evangelio, pero que no debemos separar este anuncio de la misericordia, lo cual nos lleva a la sincera participación en las alegrías y los sufrimientos de las personas, y que por ello debemos hablar con el corazón, lo cual significa que demos razón de la esperanza que hay en nosotros, eso es dar testimonio de lo que Jesús ha hecho por nosotros, en nosotros y con nosotros.

Dice 1Pe 3,14-17: Dichosos si tienen que padecer por hacer lo que es justo. No teman las amenazas ni se asusten. Por el contrario, den gloria a Cristo, el Señor, y estén siempre dispuestos a dar razón de su esperanza a todo el que les pida explicaciones. Háganlo, sin embargo, con sencillez y respeto, como quien tiene limpia la conciencia. Así, quienes hablan mal de su buen comportamiento como cristianos, se avergonzarán de sus calumnias. Pues es preferible sufrir por hacer el bien, si así lo quiere Dios, que por hacer el mal.”

Por lo que, debemos establecer una comunicación con nuestro prójimo,  y así como le hablamos con el corazón, también debemos “escuchar con el oído del corazón”, eso significa que debemos establecer una comunicación abierta al diálogo con el otro y hacerlo con misericordia y amabilidad, utilizando la comunicación como un puente que una los corazones y no como un muro que mantiene alejados a los demás, pues lo que pretendemos es mostrar a Jesús, primero con nuestra conducta amorosa, con nuestro testimonio pacífico, para entonces, presentar lo que dicen las Escrituras, para lo cual debemos conocerlas, lo que significa que debemos estudiarlas y meditarlas para poder explicarlas.

Y cuando el Papa Francisco recibió a un grupo de jóvenes, los invitó a cultivar la cercanía con todos, especialmente con los que experimentan una vida de soledad y tristeza y agregó: sean personas sinceras, verdaderas y libres. No tengan miedo a las crisis, porque las crisis los hacen crecer. Los ponen frente a diversas situaciones a las que deben enfrentar para resolver los problemas.” Y agregó: “Sean artesanos de la paz a su alrededor y dentro de ustedes; sean embajadores de la paz, para que el mundo redescubra la belleza del amor, del vivir juntos, de la fraternidad, de la solidaridad”. Esto también debemos tomarlo como un mensaje del Papa dirigido a nosotros.

Y yo les digo, queridos oyentes, seguir esos consejos nos ayudará a adquirir confianza tanto en la dirección de Dios como en nuestra capacidad de superar cualquier situación que Él permita en nuestra vida, puesto que Él prometió estar con nosotros siempre. Y la conclusión a la que esto nos lleva es que nuestra relación con Cristo debe ser sólida, y la mejor manera de mantener una relación fuerte, sólida, con Dios, es con la oración, con la oración frecuente. De más está decir que es indispensable también conocer lo que dicen las Sagradas Escrituras sobre Jesús y sus enseñanzas, pues solamente conociéndolas podremos vivir según ellas y agradarle, pues debemos buscar nuestra santificación en la vida cotidiana, y esa es la forma de lograrlo, pues como dice Heb 12,14b: “Sin santidad nadie verá al Señor”. Por lo que, alcanzar la santidad, debe ser el objetivo de todos los cristianos.

También dijo el Papa: Hay que hacer todo esto con el corazón abierto hacia Dios, de manera que, en el trabajo, en la enfermedad, en el sufrimiento, y también en las dificultades, estemos abiertos a Dios, pues esa es la manera en que podemos conocer el camino para alcanzar la santidad. “¡No pensemos que es algo difícil, o que es más fácil ser delincuentes que santos!  No. Podemos ser santos porque el Señor nos ayuda y ese es el gran regalo que cada uno de nosotros podemos devolver al mundo”.

Entonces, debemos actuar, hacer la parte que nos corresponde para alcanzar la meta que Dios pone en nuestro corazón. Eso es lo que han hecho los santos y eso implica que busquemos la perfección. Si bien la perfección absoluta es un ideal divino que trasciende nuestra naturaleza humana, estamos llamados a buscar la excelencia en nuestra vida diaria. Al imitar el amor y servicio de Cristo, nos esforzamos por crecer en santidad, sabiendo que cada paso en ese camino nos acerca más a vivir conforme a su voluntad.

Al respecto, John Henry Newman, un presbítero anglicano convertido al catolicismo en 1845, y que  más tarde fue elevado a la dignidad de cardenal por el papa León XIII,  escribió: «Es la opinión de muchos santos que, si queremos ser perfectos, no debemos hacer más que cumplir con nuestros deberes diarios. Es un camino corto que conduce a la perfección que todos pueden seguir’. Y añadió: «Si me preguntan qué deben hacer para ser perfectos, les responderé lo siguiente: no se queden en la cama después de la hora señalada para levantarse; vuelvan sus primeros pensamientos a Dios; hagan una breve visita a Jesús en el Santísimo Sacramento; recen devotamente el Ángelus; coman y beban por la gloria de Dios; recen bien la corona; congréguense; desechen los malos pensamientos; hagan devotamente la meditación vespertina; examinen diariamente su conciencia. Háganlo y serán perfectos»

Que el Señor nos dé la gracia de creer tan profundamente en Él, que podamos hacer lo que nos corresponda para volvernos imagen de Cristo y mostrarlo a todos. Que así sea para su honra y gloria como para bendición de nuestro prójimo a quien serviremos con amor.