JESUCRISTO ES EL UNICO CAMINO AL PADRE
JESUCRISTO ES EL UNICO CAMINO AL PADRE
De Jesús, dijo Juan: « Nadie ha visto jamás a Dios; el único que lo ha visto es el que ha venido de Dios y nos lo ha dado a conocer.» Jn 1,18 más adelante en 6,43-46 Jesús, a los Judios que empezaban a murmurar porque decía que Él era el pan que había bajado del cielo, les dijo: “Dejen de murmurar. Nadie puede venir a mí, si no lo trae el Padre, que me ha enviado; y yo lo resucitaré en el día último.”
Esto significa que, si llegamos a los pies de Cristo a reconocerlo como nuestro Salvador, como nuestro Señor, es porque Dios Padre por medio del Espíritu Santo pone en nuestro corazón el deseo de buscarlo, y si lo hacemos y nos rendimos a Jesús, Él cumplirá su promesa de resucitarnos para que estemos disfrutando por la eternidad con la Santísima Trinidad, con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
En Mt 11,27-28 dice: «Nadie conoce realmente al Padre sino el Hijo y aquellos a quienes el Hijo quiera darlo a conocer. Vengan a mí los que estén cansados y agobiados, que yo los haré descansar.» Jesús nos recuerda que conoceremos a Dios Padre si Él nos lleva a su presencia. Y añadió que, si estamos cansados y agobiados, que significa angustiados, abrumados o preocupados; lo busquemos y Él nos dará el descanso y una nueva vida, plena y abundante, que de ninguna otra forma podríamos disfrutar. Por eso dijo en Jn 14,6: «Yo soy el camino, la verdad y la vida. Solamente por mí se puede llegar al Padre.»
Antes de conocer al Señor y de entregarle el corazón para que nos diera «vida verdadera, plena y abundante», seguramente vivíamos en incertidumbre, y buscando algo o alguien que tratara de llenar el vacío que sentíamos en nuestro corazón, porque nuestra vida sin Dios es vacía. Si sientes, en tu interior, un vacío, que no puedes explicar, es porque aún no le has entregado tu vida a Jesús o porque te alejaste de Él.
Si es así, te invito a que hagas un análisis de tu vida para identificar el área o las áreas que te tienen esclavizado/a, y te mantienen alejado de la vida de bendición que Jesús vino a darnos, como puede ser algún vicio, como el cigarro, las drogas, o la relación con hombres o con mujeres buscando de manera desmedida el placer o la diversión; o has puesto tu confianza en amuletos y supersticiones, en cursos para control mental, o en filosofías orientales, yoga, new age, espiritismo, satanismo o conocimiento humano. También puedes haber estado buscando tener mucho dinero y te enfocaste en alcanzarlo sin importarte la forma de lograrlo y en el proceso has robado, aceptado o dado sobornos aprovechándote de tu posición e influencia y ello te ha llevado a otras acciones desagradables a Dios.
Si has identificado el área que te mantiene fuera de la voluntad de Dios, pues va en contra de sus Mandamientos y enseñanzas, conviértete, cambia tu vida, deja el pecado y vuélvete a Dios. Ríndete a Cristo, entrégate a Él, reconociendo que te librará de cualquier forma de esclavitud que te ha tenido atrapado, porque Él vino para darnos una vida de libertad, paz y gozo.
Cuando te digo que te rindas a Jesús y dejes el pecado, lo hago respaldado por lo que dice San Pablo en Ro 6,23: “El pago que da el pecado es la muerte, pero el don de Dios es vida eterna en unión con Cristo Jesús, nuestro Señor.”
Dios estableció desde el Antiguo Testamento, que para evitar la muerte del pecador habría que sacrificar un animal, porque solo con sangre se cubriría la falta con la que se ofendió a Dios, por eso dijo Dios en el Lev 5,18: “Deberás tomar de tus rebaños un carnero sin ningún defecto, y se lo llevarás al sacerdote como sacrificio por la culpa, para obtener así el perdón del pecado”, Por eso Jesucristo, que nunca pecó, por lo que representa el cordero perfecto, sin mancha, que por medio de su sacrificio hasta la Muerte en la cruz, pagó para que tuviéramos una vida nueva, plena, que puedes disfrutar si aceptas que Jesús pagó con su muerte el castigo que merecías por haber ofendido a Dios al ir contra Su voluntad, y que su sangre derramada te limpió de todo pecado que hubieras cometido y por ello puede librarte de lo que te tiene atrapado. Pero hoy puedes quedar libre si aceptas el pacto que hizo Jesús al morir Él en tu lugar, como dio a entender en la última cena cuando instituyó la Eucaristía o Comunión, que hace al creyente partícipe del único y perfecto sacrificio que Cristo ha ofrecido al Padre, en su carne, para la salvación del mundo, como dice Mt 26,26-28 en donde se lee: “Mientras comían, Jesús tomó el pan. Dio gracias a Dios por él y lo partió. Luego se lo dio a sus seguidores y dijo: -Tomen y coman, este es mi cuerpo. Luego tomó la copa de vino y después de dar gracias se la dio a ellos, y dijo: -Beban todos de esta copa, porque esto es mi sangre que establece el nuevo pacto entre Dios y su pueblo. Es derramada para perdonar los pecados de mucha gente.” Esas palabras son las que repite el Sacerdote en cada Misa al consagrar el vino y el pan que se transformarán durante la transustanciación, en el cuerpo y la sangre de nuestro Señor.
La transustanciación es, la conversión de toda la sustancia del pan en la sustancia del Cuerpo de Cristo, y de toda la sustancia del vino en la sustancia de su Sangre. Esta conversión se opera en la plegaria eucarística con la consagración, mediante la eficacia de la palabra de Cristo y de la acción del Espíritu Santo. Aunque permanecen inalteradas las características sensibles del pan y del vino, la transubstanciación se basa en el sentido literal e inmediato de las palabras de Cristo en la última cena: «Esto es mi cuerpo… y mi sangre» (Mt 26,26-29, Mc 14,22-26 y Lc 22,14-23).
Es necesario tener claro el camino que nos lleva al Padre ya que a diario se nos presentan gran diversidad de «atajos», que no son sino tentaciones que la carne, el mundo y Satanás ponen en nuestra mente para desviarnos del camino que nos lleva a Dios, que muchas veces es difícil y escabroso, pero siempre de bendición. Mantenerse en ese camino no es fácil para nuestra carne y no es lo que el mundo hace y menos lo que Satanás quiere que hagamos. No es fácil seguir a Jesucristo porque Él es el camino y es un camino de crecimiento Espiritual. Crecer quiere decir subir con nuestros ojos puestos en Cristo, sabiendo que subir exige esfuerzo constante.
Pero si solamente contamos con nuestras fuerzas, seguramente avanzaremos muy poco además de que iremos sin quién nos guíe, es decir, si no vamos tomados de Su mano, dirigidos por Su Santo Espíritu y con nuestras fuerzas, no llegaremos muy lejos o podremos perder el camino por tomar atajos, porque como Mr 13,13 dice: «Todo el mundo los odiará a ustedes por causa mía, pero, el que siga firme hasta el fin, se salvará.» Lo cual quiere decir que, además de tener fuerzas muy limitadas, en ese caminar siguiendo a Jesús y sus enseñanzas, encontraremos obstáculos, no solo de nuestra carne, sino de quienes son del mundo. Además de muchas tentaciones que Satanás y los demonios pondrán frente a nosotros tratando de evitar que nos mantengamos firmes en nuestro avance.
Tomar la decisión de seguir a Jesús, el más grande líder que haya tenido la humanidad, exige valentía para luchar contra la corriente que muchos prefieren tomar porque es más fácil dejar de esforzarse para alcanzar la Victoria o dejan de caminar con Jesús para dejarse llevar por los placeres de la carne.
Pero, aunque el camino que Jesús nos indica es el que debemos seguir para ser libres sea difícil, al final nos dará la bendición que proporciona paz y gozo por habernos mantenido firmes. Y esto no ocurre hasta al final de nuestras vidas, cuando lleguemos ante la presencia del Padre; sucede cada vez que dices no al pecado, es decir, cuando te vuelves a Dios en vez de seguir tus deseos carnales o las tentaciones que el mundo te propone, o que Satanás pone en tu caminar. La bendición a las que me refiero es el gozo que nos invade luego de cada esfuerzo que requiere la vida de santidad. Es como cuando escalamos un volcán o una montaña alta, cuando a pesar del cansancio y del dolor, seguimos adelante, hasta llegar a la cumbre. Allí es donde recibimos el premio a nuestro esfuerzo, al ver desde la altura de la cima, la maravillosa obra de Dios frente a nosotros.
Pasando este ejemplo al marco espiritual nos damos cuenta de que el resultado de nuestro esfuerzo es más maravilloso no solo el camino porque por donde pasaremos está claramente señalizado, en las Sagradas Escrituras y las enseñanzas de nuestra Santa Madre la Iglesia, por lo que, si seguimos esas señales, no nos perderemos. Esas señales son fáciles de seguir si las queremos ver y obedecer, lo cual requiere entrega, decisión y perseverancia. Pero podemos estar seguros, que, si vamos dirigidos y cuidados por el Buen Pastor, llegaremos a la cima.
Por eso, decídete hoy a seguir en esa maravillosa aventura, que aun cuando debas pasar por momentos difíciles, incluso de sufrimiento, será la más productiva y satisfactoria, porque se tratará de seguir a Jesús que nos invitó a unirnos Él, en Jn 16,33: «Les digo todo esto para que encuentren paz en su unión conmigo. En el mundo, ustedes habrán de sufrir; (tendrán que enfrentar persecución), pero tengan valor, yo he vencido al mundo.»
Eso significa que Jesús, como el camino que lleva al Padre, nos fortalecerá y proveerá de lo necesario para que no desfallezcamos a medio camino, por medio del Espíritu Santo, quien nos dará de beber agua viva para calmar nuestra sed de Dios y nos fortalecerá para que nos mantengamos firmes y fuertes. Con esto quiero decir que caminando con Jesús, se nos llenará el corazón de su presencia y con ella de amor, paz y gozo y gracias a los dones que el Espíritu Santo nos da, podremos asimilar sus enseñanzas, aceptar su dirección, creer en él, en su amor, en su poder, en sus promesas. San Pablo en 1Co 12,8-10, enseña que esos dones espirituales nos los concede el Espíritu Santo para beneficio de todos, ahí dice: “A uno le da la habilidad de hablar con palabras de sabiduría. El mismo Espíritu le da a otro la habilidad de hablar con conocimiento y a otro le da fe. Ese mismo Espíritu le da a otro el don de sanar a los enfermos, a otro el de hacer milagros, a otro el de profetizar y a otro el poder de reconocer a los espíritus buenos y a los espíritus malos. A otro le da la habilidad de hablar en varias lenguas y a otro le da la habilidad de interpretarlas. Todo eso lo hace un solo Espíritu y él decide lo que le da a cada cual.”
Pero a cada uno nos corresponde hacer cuanto debamos para mantenernos siempre en el camino que conduce a Dios, por ello debemos seguir a Jesús, que es el camino, la verdad y la vida; y con ello me refiero a seguir sus enseñanzas que encontramos en los Evangelios y no ser como los que, por no conocer a Jesús ni sus enseñanzas, tienen su mente enfocada en el conocimiento, la ciencia, las carreras académicas, la lectura voraz o las amistades excéntricas. No significa que esto sea malo, lo malo es que esas actividades lleguen a ocupar el objetivo principal de la vida, ya que esto deja nuestro espíritu insatisfecho y agotado porque no es lo que realmente necesitamos, pues si nuestra alma está sin Dios, sentiremos un gran vació que nos hace vivir buscando otras formas de llenarnos, y con frecuencia esas formas y decisiones nos alejarán más de Dios.
Sin embargo, hay un porcentaje de gente que no quiere seguir el camino, no quieren que Dios los conduzca, no son dóciles; insisten en manejar su propia vida y seguir los dictados de su voluntad, insisten en que pueden ser amos de su propio destino. Incluso si al final tal destino es destructivo, quieren seguir por sus propios caminos y beber de cualquier charco sucio que ellos se imaginan que va a satisfacer sus caprichos. A esas personas les dice Dios en Jer 2,13 «Mi pueblo ha cometido un doble pecado, me abandonaron a mí, fuente de agua viva, y se hicieron sus propias cisternas, pozos rotos que no conservan el agua».
Y para quienes insisten en tomar el camino que creen los llevará a una vida de amor, paz y gozo, les dice Dios en Pr 14,12 «Hay camino que al hombre parece derecho, pero su fin es camino de muerte». En contraste con esto, recuerda que Cristo dice «Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por MI», por lo que, si quieres tener la vida feliz que solo Dios puede dar, cédele el control de tu vida, déjate conducir por Jesús y Él te conducirá al Padre celestial. A eso es a lo que Jesús se refería cuando dijo: «Yo he venido para que tengan vida y para que la tengan en abundancia». Jn 10,10
Muchos no siguen a Jesús, porque no quieren ir por la senda de justicia. Prefieren seguir su propio camino, aunque los pueda llevar directamente a la tribulación, a los problemas… a la muerte. Quienes no aceptan a Jesús, deben saber que basta seguirlo para vivir verdaderamente libres, aunque pareciera lo contrario, pues como Él dijo según leemos en Mr 8,24: «Si alguno quiere venir en pos de mi, niégese a si mismo, y tome su cruz, y sígame«. Que es lo que muchos rechazan pues se tienen a sí mismos como el ídolo al que todo debe concedérsele para que su vida sea solo disfrute, sin esfuerzos o sacrificios.
Sin embargo, con certeza puedo decir que no hay mejor decisión que aceptar esta invitación, pues el Señor Jesús dice en Mt 11,29-30: “Acepten el yugo que les pongo, y aprendan de mí, que soy paciente y de corazón humilde; así encontrarán descanso. Porque el yugo que les pongo y la carga que les doy a llevar son ligeros.”
Entonces, déjate conducir por Jesús y disfruta de la nueva vida que Él te dará, y cuando te toque hacer un esfuerzo para mantenerte a su lado, recuerda que por tu esfuerzo recibirás una gran recompensa. Que así sea.


