LA SANTIDAD ES UN LLAMADO PARA TODOS
LA SANTIDAD ES UN LLAMADO PARA TODOS
Para iniciar debo decir que cuando se habla de santidad, se quiere decir que la persona o la cosa ha sido “separada” para Dios. La santidad, como estado, es originalmente la esencia de Dios; en los hombres, se deriva que es una participación por Gracia, de la santidad de Dios.
La santidad se equipara con la pureza, una pureza que es inocencia. Debo agregar, que el don primero y más necesario para la santidad es la caridad, con la que amamos a Dios sobre todas las cosas y al prójimo por amor a Dios. Y que el medio para la purificación es la verdad que encontramos en la Palabra de Dios, la Biblia que nos revela que la santidad es una cualidad fundamental de Dios y de Su Espíritu; así como una virtud indispensable de todo verdadero creyente, pues tartar de alcanzar la santidad, es querer llegar a ser como Cristo, ejemplo de santidad.
En el tema anterior, dije que el Papa Francisco ha insistido en varias ocasiones sobre que los bautizados somos llamados a vivir santamente nuestra vida cotidiana, y quiero resaltar este punto, los bautizados somos llamados a vivir santamente. También quiero hacer notar que la santidad no es un privilegio reservado para unos pocos, sino una vocación a la que todos estamos llamados. Y si estás pensando ¿cómo es posible que yo pueda alcanzar la santidad? La respuesta ya nos la ha dado el Papa Francisco en su exhortación apostólica Gaudete et Exsultate, que es un llamado a la santidad, en donde nos presenta 177 puntos que nos recuerdan que es posible que lo logremos, y ahí nos recuerda desde el inicio del documento que “Dios nos quiere santos y no espera que nos conformemos con una existencia mediocre, aguada, licuada”, y que «todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo nuestro testimonio en las ocupaciones de cada día«.
Pero no solamente el Papa nos dice sobre la importancia de que alcancemos la santidad, la Biblia también nos dice al respecto en el Levítico19,2: «Sean santos, porque yo, el Señor su Dios, soy santo». Y si Dios nos lo pide significa que podemos lograrlo, por eso Jesús refuerza este llamado cuando en Mateo 5,48 dice: «Sean perfectos, como su Padre celestial es perfecto». La santidad no es, por lo tanto, algo inalcanzable, sino un camino que se recorre en la vida cotidiana, en las pequeñas y grandes decisiones que tomamos.
Podemos pensar en ejemplos de santos que no fueron grandes teólogos ni fundadores de órdenes religiosas, sino personas comunes que vivieron con amor y entrega. Santa Teresa de Lisieux, también conocida como Santa Teresita del Niño Jesús, enseñaba sobre la «pequeña vía» o «caminito». Este es un camino que se debe andar para alcanzar la santidad y que cualquiera puede seguir. Las características de la «pequeña vía», según la santa son:
- Reconoce tu propia pequeñez
- Confia en Dios y su misericordia
- Realiza las pequeñas tareas cotidianas con amor y devoción a Dios
- Sirve a Dios humildemente en los momentos ordinarios, lo cual te lleva a
- Permanecer pequeño ante Jesús.
Según Santa Teresa, nuestros gestos de amor tienen que ser inadvertidos y anónimos, lo cual significa que la «pequeña vía» es un camino de sencillez, humildad y confianza en Dios. Es el «dulce camino del amor» abierto por Jesús a los pequeños y a los pobres de espíritu, es decir, a todos los que se reconocen necesitados de Dios. Y es un camino que cualquiera puede seguir; lo único que se necesita es tomar la decisión y actuar según esas recomendaciones. Considera entonces, lo que mencioné también en el tema anterior: debemos buscar nuestra santificación en la vida cotidiana, pues como dice Heb 12,14b: “Sin santidad nadie verá al Señor”, por lo que, alcanzar la santidad, debe ser el objetivo de todos los cristianos.
Ahora bien, buscar nuestra santidad no debe ser únicamente porque eso representará que recibamos bendiciones, debemos hacerlo como una manifestación de nuestro agradecimiento y para honrar y agradar a Dios. Y como motivación para hacer lo que agrada a Dios, Él nos dice en el Sir o Eclo 35,3-4: “Apartarse del mal agrada al Señor, huir de la injusticia es sacrificio, expiatorio. No te presentes ante el Señor con las manos vacías, pues en esto consisten los mandamientos.” Debemos pues, vivir según las indicaciones de Dios y obedecer sus normas y mandamientos.
Toma en cuenta, que el servicio al prójimo es también camino hacia la santidad. Como dice Jn 15,13, en donde Jesús mismo nos enseña que no hay amor más grande que el de dar la vida por los demás. El servicio al prójimo es, por lo tanto, una vía concreta para alcanzar la santidad.
El Papa Francisco dice: «la santidad no consiste en hacer cosas extraordinarias, sino en hacer cosas ordinarias con amor y fe». En este sentido, cada uno de nosotros puede encontrar oportunidades diarias para servir: en la familia, en la comunidad, en el trabajo, en cualquier lugar y momento.
El servicio al prójimo es camino de santidad como vemos en la parábola del Buen Samaritano que encontramos en Lucas 10,25-37, este es un claro ejemplo de cómo el amor al prójimo se convierte en un acto de santidad. El samaritano no tenía ninguna obligación de ayudar, pero movido por la compasión, se detuvo y asistió al herido. Esa actitud de disponibilidad y misericordia es lo que nos acerca a la santidad.
San Vicente de Paúl decía: «Los pobres son nuestros amos y señores». Este pensamiento nos invita a ver a Cristo en cada persona necesitada. Al servir a los demás, especialmente a los más vulnerables, estamos sirviendo a Dios y caminando hacia la santidad.
Ahora bien, aun cuando ese camino es fácil de seguir, no lo es siempre, pues seguramente vamos a encontrar obstáculos y desafíos en el servicio al prójimo. Obstáculos como el egoísmo, la indiferencia y el miedo al compromiso podrán brotar de nuestro interior y eso puede llevarnos a actitudes negativas que respaldaremos con excusas como: estoy cansado, desmotivado o incluso podremos creer que nuestras acciones son muy pequeñas para hacer la diferencia. Por eso el Papa Francisco nos advierte sobre el peligro del «individualismo cómodo y avaro» que nos lleva a preocuparnos solo por nosotros mismos. También señala que la santidad no significa vivir sin dificultades, sino enfrentarlas con amor y esperanza.
Para superar estos desafíos, es fundamental la oración, como mencioné antes, pero también la comunidad, pues, si bien la oración nos fortalece, la comunidad nos recuerda que no estamos solos, nos sostiene y nos anima a seguir adelante cuando nuestro camino se torna difícil.
Como dice también en la Exhortación Apostólica Gaudete et Exsultate en el artículo 140: Es muy difícil luchar contra la propia concupiscencia y contra las asechanzas y tentaciones del demonio y del mundo egoísta si estamos aislados. Es tal el bombardeo que nos seduce que, si estamos demasiado solos, fácilmente perdemos el sentido de la realidad, la claridad interior, y sucumbimos. Es por ello que, la Comunidad es indispensable para nuestra salud espiritual.
- Podemos recordar más ejemplos de personas que han vencido estos obstáculos, entre ellas la Madre Teresa de Calcuta que, aun viviendo en medio de la pobreza extrema, nunca dejó que la desesperanza la detuviera y se dedicó a trabajar por los «más pobres entre los pobres», se hizo cargo de los enfermos de sida, tocó a los leprosos y los cuidó con desinterés. Su vida es un testimonio de cómo la fe y el servicio pueden transformar el mundo.
- También San Francisco de Asís nos enseña a vivir la virtud de la humildad y la entrega en servicio de amor al prójimo. Él tuvo un corazón alegre y humilde. Supo dejar no sólo el dinero de su padre, sino que también supo aceptar la voluntad de Dios en su vida. Vio la grandeza de Dios y la pequeñez del hombre y su testimonio nos enseña cómo contagiar ese entusiasmo por Cristo a los demás y nos invita a predicar a Dios con el ejemplo y con la palabra.
- Otro gran ejemplo de entrega en el mayor servicio de amor que alguien puede ofrecer por su prójimo, al igual que hizo Jesús, es el del sacerdote franciscano polaco Maximiliano Kolbe, que, en el campo de concentración de Auschwitz, se entregó para morir en lugar de otro prisionero, el sargento del ejército y miembro de la resistencia judía en Polonia, Franciszek Gajowniczek, (se pronuncia: Fran-SHEE-sek Gah-YO-vni-chek), uno de los prisioneros elegidos por los nazis para morir de hambre, como castigo por una fuga que se produjo, Kolbe se ofreció de voluntario para el castigo fatal, en lugar del sargento.
- Queridos oyentes, cada uno de nosotros estamos llamados a vivir la santidad en la vida diaria, para lo cual deberemos enfrentarnos a desafíos como son el permanente combate contra el mundo y la mentalidad mundana, la lucha contra el diablo, príncipe del mal, así como superar nuestra indiferencia, adormecimiento, hedonismo e individualismo, que son generadores de odios, envidias, tristeza, pereza y otros vicios. Ten en cuenta querido oyente, que, en esas luchas, el desarrollo de las virtudes, de lo bueno, sumado a la madurez espiritual, que se obtiene en la relación con Dios por medio de la oración y el estudio de las Sagradas Escrituras, mas el amor, que se manifesta en las obras, son el mejor contrapeso contra el mal.
No necesitamos hacer cosas extraordinarias, solo vivir con amor cada acción que realicemos. Y recuerda que la más grande manifestación de amor que puedes tener para con tu prójimo es mostrarle a Cristo y la salvación que se obtiene por su sacrificio. Y espero que cada uno de los temas presentados en Faro de Luz lleve a que el fuego del amor de Dios encienda su corazón, con deseos de amar, pero de amar con obras, porque el cristianismo se resume en el amor, en el deseo ardiente de lograr la felicidad para nuestros hermanos. No sólo de la felicidad eterna que obtendremos en el cielo, sino también de todo cuanto pueda hacerle mejor y más feliz en esta vida, que ha de ser digna de un hijo de Dios. Porque los hombres necesitan pan, sí, pero, ante todo, necesitan fe. Necesitan bienes materiales, sí, pero necesitan más el rayo de luz que viene de Cristo y que alienta y orienta nuestro caminar por la tierra. Y esa fe y esa luz, sólo Cristo y su iglesia pueden darla, por ello, como piedras vivas de la Iglesia, debemos hacer todo cuanto esté en nuestras manos para presentar a cuantos podamos, a nuestro Señor, a Cristo nuestro Salvador.
Házte estas preguntas y medita cómo pueden ayudarte a reflexionar sobre este punto:
- ¿Que he hecho yo por mi prójimo?
- ¿Qué me pide Cristo que haga por él?
- ¿Cómo puedo servir mejor a los que me rodean?
- ¿Hay alguien en mi vida, alguien cerca de mí, que necesite apoyo, consuelo o aliento?
- ¿Estoy dispuesto a hacer pequeños sacrificios por amor a los demás?
Para finalizar, recordemos las palabras del Papa Francisco: «No tengan miedo de apuntar más alto, de dejarse amar y liberar por Dios. No tengan miedo de dejarse guiar por el Espíritu Santo».
Es mi oración, que puedas encontrar en el servicio a los demás, el camino a la santidad y en la santidad una forma de transformar, con amor y entrega, una parte del mundo. Pero, además del servicio, considera necesarios la oración, el estudio de las Sagradas Escrituras y mantenerte en comunidad, porque si la oración nos fortalece, la comunidad nos recuerda que no estamos solos, nos sostiene y nos anima a seguir adelante cuando nuestro, camino se torna difícil. Y podremos llevar nuestra vida por el camino correcto si lo conocemos, esto lo haremos si leemos y estudiamos las Sagradas Escrituras y vamos guiados por el Espíritu Santo.
Que así sea para bendición de aquellos a los que sirvamos, sabiendo que con ello también nosotros seremos bendecidos.


