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BUSCA Y OTORGA EL PERDÓN

BUSCA Y OTORGA EL PERDÓN

Durante el período de Cuaresma, además de servir a los demás, somos invitados a ser dóciles y humildes para encontrarnos con Jesús, para lo cual necesitamos poner nuestra fe en acción y corresponder a la gracia que Dios pone a nuestro alcance en el Sacramento de la Reconciliación o Confesión. Pero debemos saber que es esencial que todos los pecados graves, es decir aquellos que eliminan la vida de gracia, deben declararse a la Iglesia y deben ser borrados por ella mediante el acto sacramental instituido por nuestro Señor Jesús cuando después de haber resucitado se presentó a los discípulos y les dijo: “La paz esté con ustedes. Y añadió: –Como el Padre me ha enviado, yo también los envío a ustedes.  Sopló sobre ellos y les dijo: –Reciban el Espíritu Santo. A quienes les perdonen los pecados, Dios se los perdonará; y a quienes se los retengan, Dios se los retendrá.” Jn 20,21-23.

Pero debemos tener claro que no solo se trata de confesar nuestras ofensas a Dios y pedirle perdón, lo cual es solo una parte de lo que somos llamados a realizar, la otra parte, que también es muy importante es perdonar a quien nos ha ofendido pues, como dice en el Nuevo Testamento: el pecador perdonado debe perdonar a otros, como declara Jesús en Lc 6,37: «No juzguen a los demás y no serán juzgados. No condenen a los demás y no serán condenados. Perdonen y serán perdonados”. Nuestro Señor insiste varias veces en lo mismo, como en el Padrenuestro, en donde nos enseña a pedirle a Dios: “perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden…”  Debemos entender con esto, que nuestra disposición a perdonar a otros es un indicador, de que nuestro arrepentimiento es sincero.

Pero debemos tener claro que el perdón que se nos otorga al confesarnos es por la obra expiatoria de Cristo, lo que equivale a decir que es un acto de pura gracia, como dice Jesús en Mt 26,28: “Ésta es mi sangre, la sangre de la alianza, que se derrama por todos para el perdón de los pecados.” 

En el Antiguo Testamento el concepto del perdón generalmente trasmitía la idea de expiación, y frecuentemente se emplea como ofrenda o sacrificio. Su uso para “perdonar” implica que se lleva a cabo una expiación. Indica la obra de Cristo de sanar el alma del hombre del daño causado por el pecado, como también la de llevar a los pecadores a una buena relación con Dios. Ahora bien, no debemos considerar el perdón de Dios, como algo que no nos puede ser negado porque Dios es bueno, pues abundan los pasajes que dicen que hay ofensas que el Señor no perdona, por ejemplo en Dt 29,18-20: Que no haya ningún hombre, mujer o grupo cuyo corazón se esté alejando hoy del Señor nuestro Dios para ir a servir a los dioses de otras naciones. Si una persona escucha estas maldiciones y se crea bendito, diciendo para sí: “Yo seguiré haciendo lo que me dé la gana, no me va a pasar nada”, entonces el resultado será desastre total. El Señor no lo perdonará, porque la ira y los celos del Señor se encenderán en contra de esa persona.”

Al decir: cuando el corazón se esté alejando del Señor para servir a los dioses de otras naciones” se refiere a todo cuanto llegue a ocupar en el corazón el lugar que solamente le pertenece a Dios. Otro ejemplo lo encontramos en Lam 3,42, en donde dice: Fuimos rebeldes y desobedientes y por eso no nos has perdonado.”

Cuando obtenemos el perdón, debemos recibirlo con gratitud, y considerarlo con asombro y admiración, pues sabemos que el pecado merece castigo; mientras que el perdón que Dios otorga, cuando llegamos ante Él arrepentidos y con el propósito de no volver a ofenderlo, es una gracia que Él nos concede. Por ello dice el Salmista Tú perdonas y por eso se te debe respeto.Sal 130,4.

El perdón de los pecados, también supone que se debía soportar la pena por el pecado, como leemos en Num 14,29-34: Ninguno de ustedes entrará en la tierra en la que les prometí que los iba a establecer. Sólo entrarán Caleb hijo de Jefone y Josué hijo de Nun. En cuanto a sus hijos, a ellos los llevaré a esa tierra. Serán ellos los que disfruten la tierra que ustedes rechazaron y ustedes morirán en este desierto. Ellos (sus hijos) serán pastores en el desierto por cuarenta años, sufriendo por la infidelidad de ustedes. Así como ustedes estuvieron cuarenta días explorando el territorio, así también estarán cuarenta años sufriendo su castigo, un año por cada día. Eso es para que aprendan qué es lo que sucede cuando se ponen en contra mía.” Esto no quiere decir que Dios es tan severo que no perdona si no obtiene algo a cambio, pues Él es un Dios de amor y gracia, y en ninguna parte nos dice el Antiguo Testamento que se haya obtenido el perdón de Dios a regañadientes, o que se lo haya comprado por medio del soborno. Pero, del lado del hombre tiene que haber penitencia para ser perdonado.

Pero hay otro enfoque del perdón. Al inicio del tema dije que debemos alcanzar la paz interior y prepararnos para servir al prójimo, y ahora explicaré cómo el perdón ayuda a servir con un corazón limpio.

En primer término, debemos entender el perdón como liberación pues nos libera de resentimientos y rencores, permitiéndonos servir con un corazón puro a los demás, incluso a quienes nos han ofendido o nos han hecho daño. Un ejemplo de esa actitud la vimos en la visita que hizo el Papa Juan Pablo II a Ali Agca, para perdonarlo por su intento de asesinarlo en la Plaza de San Pedro el 13 de mayo de 1981.

Y es que hay una a conexión entre perdón y servicio, pues cuando perdonamos, nos libramos del peso del rencor y resentimiento que nos ataba, y eso nos lleva no solo a sentirnos libres, también a una mejor disposición para ayudar a otros y ser instrumentos de paz, pues tendremos la experiencia de lo que significa perdonar. Como seguidores de Jesús, hemos sido llamados a servir en la comunidad y nuestro mayor servicio es mostrar a Jesús y la vida que Él nos enseñó con su vida y enseñanzas, por lo que debemos estar dispuestos a cumplir con ello, y solamente podremos manifestar ese servicio con amor, con gozo y libertad si nos hemos despojado de los pecados que representan una carga, un obstáculo para mostrar el amor de Jesús y el perdón, tanto el que conseguimos con el Sacramento, como el que otorgamos, lo cual es un paso esencial para ello.

En la Biblia encontramos varios ejemplos de cómo el perdón hizo cambiar a las personas para involucrarse más en su comunidad y ayudar a otros, mostrando el impacto positivo que esto tiene. El mejor ejemplo es Jesús, que luego de haber sido torturado por las mentiras con las que lo acusaron, dijo cuando lo crucificaron: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.” Con esto podemos entender que aún cuando pecamos sin tener conciencia por desconocimiento de que estamos actuando en contra de las normas divinas, si acudimos a Dios pidiendo su perdón, seremos absueltos de nuestras faltas. Esto nos hace ver la importancia de que conozcamos la voluntad de Dios manifestada en la Biblia.

Otro ejemplo es el rey David, que devolvió el arca de la alianza a Jerusalén y como resultado recibió grandes promesas de Dios; sin embargo, en 2 Sam 11 y 12 leemos un episodio oscuro en su vida, David cometió adulterio con Betsabé, mujer de Urías, uno de los militares que lo había acompañado desde el principio de sus correrías, a quien mandó matar para casarse con Betsabé y ocultar su pecado. Dios envió al profeta Natán a revelarle a David las consecuencias de sus actos y el bebé fruto de esa relación murió y se desataron problemas entre David y sus otros hijos. David, reflexionó y reconoció que sus malas acciones afectaban su relación con los demás y con Dios. En el Sal 51,2 y 4ª expresa el dolor que sintió, ahí dice: “Lávame de toda mi maldad y límpiame de mi pecado. Contra ti he pecado, solo contra ti, y he hecho lo que es malo ante tus ojos.” Necesitaba la restauración que viene con el perdón de Dios y la recibió, como escribió en el mismo Salmo como dice en el verso 7: «Tú, oh Dios, no desprecias al corazón quebrantado y arrepentido». Y esta es una lección que no debemos olvidar.

Otro ejemplo lo tenemos en San Pablo. Nacido en Tarso dentro de una familia fiel a la religión judaica, creció dentro del rigor de los fariseos y se convirtió en defensor de sus creencias. Su celo le llevó a perseguir a los cristianos, a quienes consideraba una secta que amenazaba todo en lo que él creía. Saulo estuvo presente durante el apedreamiento de Esteban, considerado el primer mártir cristiano. Con deseo de terminar con los que creían en Jesús, causaba estragos en la iglesia. Entraba de casa en casa, arrastraba a hombres y mujeres y los metía en la cárcel, como dice Hch 8,1-3. A pesar de esto, Dios que veía su gran potencial se le reveló. Donde otros veían un corazón duro, lleno de odio y deseoso de acabar con los cristianos, Dios veía un corazón dispuesto a servirle.

Saulo obtuvo permiso para perseguir a los cristianos en Damasco. Pero Dios tenía otro plan para él. “Al acercarse a Damasco, una luz del cielo relampagueó de repente a su alrededor. Él cayó al suelo y oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? ¿Quién eres, Señor? preguntó. Yo soy Jesús, a quien tú persigues, le contestó la voz. Levántate y entra en la ciudad, que allí se te dirá lo que tienes que hacer.
Los hombres que viajaban con Saulo se detuvieron atónitos, porque oían la voz, pero no veían a nadie. Saulo se levantó del suelo, pero no podía ver, así que lo tomaron de la mano y lo llevaron a Damasco.”

Hch 9,3-8. Y de perseguidor pasó a ser un fiel seguidor de Jesús. El mismo celo que tenía al perseguir a los cristianos, lo usó para hablar de Dios, del sacrificio de Jesús, de lo que ello significaba y del cambio que él había experimentado. A muchos cristianos les costó aceptarle como parte de la iglesia, porque sospechaban de él. Pero Pablo llamado después “el apóstol de los gentiles” continuó fiel sirviendo a Dios y ayudando a expandir el mensaje de salvación.

Otros ejemplos que encontramos en la Biblia son: Esteban, que perdonó a quienes lo mataron a pedradas; José, que perdonó a sus hermanos que lo vendieron como esclavo y María Magdalena que, con su corazón lleno de gratitud, dedicó su vida a seguir a Jesús y a servirlo.

Otro ejemplo es Santa María Goretti, cuya festividad se celebra el 6 de julio, es una de las santas canonizadas más jóvenes de la Iglesia Católica. Su poderoso testimonio de perdón muestra cómo la vida de una persona puede cambiar drásticamente tras recibir el perdón.

Goretti nació el 16 de octubre de 1890 en Corinaldo, Italia, de una familia de agricultores arrendatarios pobres y fue la tercera de seis hijos. Nunca aprendió a leer ni a escribir y recibió la Primera Comunión mucho más tarde que otros niños de su edad; sin embargo, tenía una fe muy firme.

Cuando Goretti tenía 9 años, su padre murió de malaria. Esto obligó a su madre a ocupar su lugar trabajando en el campo y dejó a María al cuidado de la casa y de sus hermanos menores. Goretti nunca se quejó y, a pesar de las dificultades, mantuvo la alegría.

Durante sus numerosos viajes para vender huevos y comprar provisiones para su familia en el pueblo cercano, Goretti se detenía a visitar el Santuario de Nuestra Señora de las Gracias. Como su familia era demasiado pobre para pagar las misas en memoria de su padre, prefería rezar los cinco misterios del rosario por su eterno descanso.

Goretti no solo tenía que atender a su propia familia, sino que también debía cocinar y limpiar para sus vecinos: Giovanni Serenelli y su hijo de 20 años, Alessandro Serenelli. En esa época, el joven Alessandro, que sentía una atracción impura por María, le hacía comentarios groseros e inapropiados.

El 5 de julio de 1902, Alessandro intentó agredir sexualmente a Goretti «¡No! Es un pecado, Dios no lo quiere», le dijo la joven María a su agresor. Lleno de ira, apuñaló a Goretti 14 veces. Cuando la familia de María regresó a casa, la encontraron en el suelo, en un charco de sangre. La llevaron al hospital, donde la operaron sin anestesia. Falleció al día siguiente, pero antes de morir, perdonó a su agresor, diciendo: «Sí, por el amor de Jesús lo perdono y quiero que esté conmigo en el paraíso».

El joven Alessandro fue declarado culpable y sentenciado a 30 años de prisión. En su undécimo año de prisión, tuvo una visión de Goretti donde se le apareció vestida de blanco, recogiendo lirios de un jardín. Luego se giró y comenzó a entregarle cada lirio a Serenelli. Cada lirio que tomaba se transformaba en una llama blanca. Este sueño lo impactó profundamente.

Cuando fue liberado 19 años después, acudió a la madre de María y le rogó perdón. Ella dijo: «Si mi hija puede perdonarlo, ¿quién soy yo para negarle el perdón?».

María Goretti fue canonizada el 24 de junio de 1950 por el Papa Pío XII con su madre y Alessandro Serenelli presentes.

Serenelli se convirtió en hermano laico de la Orden de los Frailes Menores Capuchinos, donde vivió en un monasterio y trabajó como jardinero hasta su muerte.

Santa María Goretti es la santa patrona de las víctimas de violación, la castidad, las adolescentes, la juventud, la pobreza, la pureza y el perdón.

Jesús también enseñó sobre el perdón y la reconciliación, con la parábola del hijo pródigo que se encuentra en Lc 15,11-32, en la cual notamos cómo promovió el perdón como un camino hacia la paz.

Y como dice el Papa Francisco “El diablo se esconde dentro de nuestros rencores y los aumenta para destruirnos, a menudo nacieron por cuestiones sin importancia pero que tienen enormes consecuencias. Por eso aconseja ser generosos y perdonar lo antes posible”-«Fuera del perdón, no hay esperanza; fuera del perdón no hay paz. El perdón es el oxígeno que purifica el aire contaminado por el odio, es el antídoto que cura de los venenos del rencor, es la vía para desactivar la ira y curar tantas enfermedades del corazón que contaminan la sociedad.» Por eso nos pide que aprendamos a perdonar y que no carguemos con la cruz infecunda del odio y del rencor. Y nos recuerda que antes de confesarnos nos preguntemos si hemos perdonado, porque pedir perdón significa también perdonar. Libérate acudiendo al Sacramento de la Reconciliación y libera a quien te haya ofendido, y aprende a ver lo bueno en los demás. Que así sea para honra y gloria de Dios y bendición tuya como de las personas a las que les otorgues tu perdón.

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