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EL AMOR CRISTIANO, MOTOR DEL SERVICIO

EL AMOR CRISTIANO, MOTOR DEL SERVICIO

 

Sobre el significado de la enseñanza que nos traslada Jesús, que dice en Mt 19,19  “Honra a tu padre y a tu madre y ama al prójimo como a ti mismo.” Más adelante en Mt 22,37-40 como dándo una explicación más amplia, le respondió a un fariseo que le preguntó cuál era el mandamiento más importante: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente.” Haciendo énfasis en que debemos amar a Dios con todo Nuestro ser, pues no se trata de un amor intelectual, un amor que proviene del solo conocimiento de la ley, es decir de un amor teórico. Luego continuó haciéndo un énfasis especial en esa respuesta al recalcar: “Este es el más grande y el primer mandamiento.” Y más aún, haciendo notar la gran importancia del amor al prójimo dijo: “El segundo, semejante a éste, es: Amarás al prójimo como a ti mismo. De estos dos preceptos penden toda la Ley y los Profetas.”

Sin embargo con esa proclamación, Jesús estaba recorándo lo que Dios Padre había ordenado como se lee en el Lv 19,18 en donde dice: “No te vengues y no guardes rencor contra los hijos de tu pueblo. Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo, Yahvé.”

San Pablo también insiste en la importancia de ese mandato cuando dice en Ro 13,8b-9: “Quien ama al prójimo ha cumplido la Ley. Pues aquello de “no adulterarás, no matarás, no robarás, no codiciarás” y cualquier otro precepto, se resume en esta sentencia: “Amarás al prójimo como a ti mismo.”

Con estas pocas citas podemos conocer que el significado de amar al prójimo como a uno mismo implica un amor desinteresado, compasivo y activo que busca el bien del otro como si fuera el propio.

Pero el Señor Jesús nos hace ver la trascendencia de nuestras manifestaciones de amor para con el prójimo en  Mt 25,31-40 en donde dice: “Cuando el Hijo del Hombre llegue con majestad, acompañado de todos sus ángeles, se sentará en su trono de gloria y todas las naciones serán reunidas en su presencia. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Colocará a las ovejas a su derecha y a las cabras a su izquierda. Entonces el rey dirá a los de la derecha: Vengan, benditos de mi Padre, a recibir el reino preparado para ustedes desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber, era emigrante y me recibieron, estaba desnudo y me vistieron, estaba enfermo y me visitaron, estaba encarcelado y me vinieron a ver. Los justos le responderán: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te alimentamos, sediento y te dimos de beber, emigrante y te recibimos, desnudo y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o encarcelado y fuimos a visitarte? El rey les contestará: Les aseguro que lo que hayan hecho a uno solo de éstos, mis hermanos menores, me lo hicieron a mí.».

Podemos entonces agregar que Amar al prójimo como a uno mismo significa reconocer la dignidad de toda persona porque todos somos imagen de Dios y por ello merecemos respeto y amor. Significa también que, como personas de fe y seguidores de Jesús, debemos compadecernos y actuar, pues no basta con identificarse con alguien y compartir sus sentimientos; sino que el amor cristiano nos lleva ya no solo a sentir, sino a actuar en favor de las personas en las que identificamos necesidades, como dice St 2,15-16Supongamos que un hermano o hermana tiene necesidad de vestido o comida y llega uno de ustedes y le dice: «¡Que Dios lo bendiga, abríguese y aliméntese!» Sin embargo, si no le da lo que realmente necesita en ese momento, ¿de qué sirve? 

Amar al prójimo significa también que debemos perdonarlo y comprenderlo, pues amar implica que debemos tenerle paciencia, como una de las virtudes que menciona San Pablo en 1Tim 6,11, en donde dice: “Tú, hombre de Dios, sigue la justicia, la piedad, la fe, la caridad, la paciencia, la mansedumbre.” Y en Ro 15,5 escribió: “Que Dios que da la paciencia y la consolación les ayude a vivir en armonía unos con otros conforme el ejemplo de Cristo Jesús, para que todos juntos, a una sola voz alaben al Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo”. Y entre las Obras de Misericordia Espirituales encontramos que debemos “tolerar los errores de los demás con paciencia.”

Nos damos cuenta, que, la Palabra del Señor nos inspira a hacer el bien, a vivir en armonía con nuestros hermanos, acompañándolos en sus necesidades y preocupaciones, por lo que, como manifestación de amor genuino al prójimo, debemos también tener en nuestro corazón la disposición para el perdón, como Jesús dice en Mt 18,22: «No te digo que debas perdonar hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete” con lo que debe quedarnos claro, que nosotros, a quienes también está dirigida esta enseñanza, debemos perdonar siempre.

El amor genuino nos invita a salir de nuestra comodidad para buscar el bienestar del otro, lo que significa que debemos superar el resentimiento y también el egoísmo y salir de nuestra comodidad para servir con amor a los demás.

Con lo dicho entenderás que el amor cristiano no es un sentimiento pasivo, sino una acción concreta que transforma la vida cotidiana. Podemos llevar a cabo nuestras manifestaciones de amor, en la familia: Practicando la paciencia y el perdón, ayudando en las tareas diarias sin esperar reconocimiento, en la comunidad: cumpliendo con las obras de misericordia que cumpliremos al brindar apoyo a los más vulnerables, como dice las obras de Misericordia corporales: Visitar a los enfermos, Dar de comer al hambriento, Dar de beber al sediento, Dar posada al peregrino, Vestir al desnudo, Visitar a los presos, Enterrar a los difuntos; en el trabajo o estudio: Actuando con justicia y solidaridad, evitando chismes y fomentando la armonía; en la sociedad: Promoviendo la justicia social, participando en actividades de voluntariado, defendiendo la dignidad de todas las personas.

El Papa Francisco ha insistido en que el amor cristiano se manifiesta en la misericordia y la caridad. Algunas de sus enseñanzas clave incluyen: Sonreír, saludar, escuchar con atención, realizar actos de bondad sin esperar nada a cambio. También nos llama a evitar la indiferencia y a acoger a los descartados de la sociedad: a los pobres, a los migrantes, a los ancianos y a los enfermos.

«Amar es servir y servir es darse». «No se puede amar de palabra, el amor se debe traducir en obras». Nos motiva a concretar el amor en hechos tangibles, eso significa que debemos dejar el egoísmo para morir a nosotros mismos y entregarnos a los demás, en los cuales debemos ver el rostro de Jesús, pues servir con amor no es una carga, sino una fuente de alegría y plenitud porque estaremos sirviendo al Rey de Reyes.

Amar al prójimo como a uno mismo implica que actuemos con misericordia y justicia en todos los ámbitos de la vida. Como conclusión podemos decir, que el amor es el motor que impulsa el servicio desinteresado, como hizo Jesús, que nos llama, a ser testigos de Su amor, un amor que transforma, libera y sana a las personas; y edifica una sociedad más fraterna.

Puedes llevar a la práctica el servicio en tu diario vivir: Compartiendo tus experiencias donde hayas sentido el amor cristiano en acción tanto al servir a otros o al recibir ayuda en momentos críticos de tu vida, y para realizar acciones para este tiempo de Cuaresma, puedes hacer una lista de pequeños gestos de amor para con los demás, que puedas practicar en la semana y reflexionar en cómo puedes vivir el amor con más compromiso.

Que el Señor nos ilumine con la claridad de Su Luz, que se encuentra en la Sagrada Escritura, para que podamos descubrir lo que debemos hacer y seamos capaces de realizar lo que es recto y grato a sus ojos. Que así sea para bendición nuestra y de todas las personas a las que les mostremos, con nuestra conducta, con nuestro testimonio, el amor de Dios con el que nos ha llenado el corazón.